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Terra
La Coctelera

La Leyenda del hada y el mago

Esta canción es de Rata Blanca
Cuenta la historia de un mago
que un día en su bosque encantado lloró
Porque a pesar de su magia
no había podido encontrar el amor
la luna su única amiga le daba fuerzas para soportar
Todo el dolor que sentía por culpa de su tan larga soledad
Y es que sabía muy bien que en su existir
nunca debía salir de su destino
Si alguien te tiene que amar
ya lo sabrás
sólo tendrás que saber reconocerlo.
Fue en una tarde que el mago paseando
en el bosque la vista cruzó
con la mas dulce mirada que
en toda su vida jamás conoció
desde ese mismo momento
el hada y el mago quisieron estar
sólo los dos en el bosque amándose
siempre y en todo lugar
Y el mal que siempre existió
no soportó
ver tanta felicidad entre dos seres
y con su odio atacó hasta que el hada cayó
en ese sueño fatal de no sentir.
En su castillo pasaba las noches
el mago buscando el poder
que devolviera a su hada, su amor
su mirada tan dulce de ayer
y no paró desde entonces buscando
la forma de recuperar
a la mujer que aquel día en medio del bosque
por fin pudo amar.
Y hoy sabe que es el amor
y que tendrá
fuerzas para soportar aquel conjuro
sabe que un día verá
su dulce hada llegar
y para siempre con él se quedará.

Pequeño poema infantil

Las hadas, las bellas hadas,

existen, mi dulce niña,

Juana de Arco las vio aladas,

en la campiña.


Las vio al dejar el mirab,

ha largo tiempo, Mahoma.

Más chica que una paloma,

Shakespeare vio a la Reina Mab.


Las hadas decían cosas

en la cuna

de las princesas antiguas:

que si iban a ser dichosas

o bellas como la luna;

o frases raras y ambiguas.


Con sus diademas y alas,

pequeñas como azucenas,

había hadas que eran buenas

y había hadas que eran malas.


Y había una jorobada,

la de profecía odiosa:

la llamada

Carabosa.


Si ésta llegaba a la cuna

de las suaves princesitas,

no se libraba ninguna

de sus palabras malditas.


Y esa hada era muy fea,

como son

feos toda mala idea

y todo mal corazón.


Cuando naciste, preciosa,

no tuviste hadas paganas,

ni la horrible Carabosa

ni sus graciosas hermanas.


Ni Mab, que en los sueños anda,

ni las que celebran fiesta

en la mágica floresta

de Brocelianda.


Y, ¿sabes tú, niña mía,

por qué ningún hada había?

Porque allí

estaba cerca de ti

quien tu nacer bendecía:

Reina más que todas ellas:

la Reina de las Estrellas,

la dulce Virgen María.

Que ella tu senda bendiga,

como tu Madre y tu amiga;

con sus divinos consuelos

no temas infernal guerra;

que perfume tus anhelos

su nombre que el mal destierra,

pues ella aroma los cielos

y la tierra.



Ruben Darío